La garra manabita y ecuatoriana

La garra manabita y ecuatoriana

0 0 Doris Soliz usermg

16 de abril de 2017

Ese sábado 16 de abril, hace exactamente un año, Natividad Anchundia preparaba empanadas para vender, en su casa de caña ubicada en la comuna las Gilces, parroquia Crucita, cantón Portoviejo. Ella narra como si fuera ayer, la angustia que sintió con su familia cuando alguien gritó: “¡terremoto!”, y lograron correr y salvar sus vidas, mientras su casa se venía abajo y perdían todos sus enseres.

“Pero estamos con vida, que es lo más, y volvimos a empezar” me dice con esa convicción tan propia de los manabas. Hoy estrena una nueva casa, una casa digna, parte de las más de 22 mil viviendas ya entregadas en la reconstrucción y no deja de hablar del nuevo muelle para los pescadores en Crucita, de los créditos que apoyan a su esposo pescador, y de la dinámica que se vive en Manabí, con nuevos proyectos y sueños.

El terremoto del 16 de abril nos sacudió a todos, como suele ocurrir con acontecimientos imprevistos y de gran impacto, y puso en la mira del país muchas cosas significativas: la garra manabita y ecuatoriana para enfrentar la adversidad con coraje y heroísmo, que pudimos verla en cientos de historias conmovedoras que están grabadas en el corazón de todos.

La solidaridad como rasgo fundamental del pueblo ecuatoriano, que movilizó millones de aportes en alimentación, vituallas, agua, trabajo voluntario, y todo lo que podía servir a nuestros hermanos de Manabí y Esmeraldas. Solidaridad que luego se extendió en la Ley Solidaria para continuar nuestro aporte a la reconstrucción, con más de mil trescientos millones de dólares y que solo unos pocos con mezquindad y politiquería, le dijeron: ¡NO! Hoy puede verse con nitidez la importancia de organizar la acción colectiva a través de mecanismos institucionales como éste, que permite trabajar con una perspectiva de largo aliento.

Vimos también el nuevo país, sí, el del puente de Bahía, intacto y fundamental para que la ayuda a Jama, Pedernales, San Vicente llegara a tiempo, el del ECU 911, el de las nuevas vías y carreteras, el de los centros de salud, UPC y escuelas, el de las hidroeléctricas gracias a lo cual solo tuvimos unas pocas horas sin servicio eléctrico. ¡Cuánto significaron e hicieron la diferencia para la vida de miles de personas, estas obras esenciales en la inversión pública!!

Vimos y vemos el Ecuador del trabajo colaborativo entre el gobierno central y los gobiernos locales.

En este año, un gobierno lleno de compromiso y decisión donde los dos principales mandatarios trabajan directa y personalmente implicados, junto con las fuerzas de un pueblo de pie y aguerrido, han logrado hitos importantes para la vida de los manabitas y esmeraldeños: más de 21 mil familias beneficiadas con bonos de acogida, alimentación y alquiler (AAA),  todos los 50 mil estudiantes retornados a sus clases, mientras se reparan y construyen nuevas escuelas, igual que universidades con recursos para reparar sus edificaciones, 170 millones invertidos en la rehabilitación de centros de salud, y la entrega de nuevos  en Manta, Chone, Tosagua y Cojimíes.

Se han rehabilitado 22 tramos viales, se construyen nuevos puentes como el del río Jama y el de Muisne. Más de 100 mil personas beneficiadas con sistemas de agua potable y saneamiento ambiental, que resuelven problemas no sólo del terremoto sino de la historia de exclusión del pasado. Jama, por ejemplo, estrena sistema de agua potable totalmente nuevo. Más de 250 millones de dólares entregados en créditos productivos a través de la banca pública.

Ellos, los habitantes de estas dos provincias, saben que aún falta mucho por hacer, que la reconstrucción estará en su agenda de trabajo por al menos los próximos 4 años, que la reconstrucción debe además resolver los problemas atávicos de la pobreza, ausencia de servicios, falta de planificación de las ciudades. Y lo harán de la mano de los líderes en quienes pueden confiar. Líderes que, con el ejemplo de Rafael Correa, que mostró al país su enorme sentido humanitario a más de su compromiso vital con su pueblo, podrán seguir una reconstrucción con base firme.

Atrás han quedado los escombros y en el corazón de todos el recuerdo y el afecto por los 671 fallecidos, seres queridos en cuyo homenaje, manabitas, esmeraldeños y ecuatorianos escribimos una historia de coraje, de garra, esa historia de doña Natividad, la del nuevo País, que da lo mejor de sí mismo para construir su futuro. (O)